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Sistemas naturales

La principal característica del medio natural de Menorca es la diversidad ambiental existente en apenas 700 kilómetros cuadrados de extensión. Así, la isla ofrece la posibilidad de encontrar una representación de casi todos los hábitats propios del Mediterráneo. Los hábitats más destacados son los barrancos, las cuevas, las zonas húmedas integradas por charcas, lagunas y marismas, los sistemas dunares, las costas y los islotes.


Los barrancos del sur de la isla

Uno de los aspectos paisajísticos y geomorfológicos más importantes de la región de migjorn son los numerosos barrancos que la cruzan en dirección a la línea de costa, siguiendo un trazado sinuoso. Estos barrancos ofrecen paisajes espectaculares y concentran una flora y fauna abundante y variada, que cuenta con 220 especies, de las que 26 son endémicas.


Pueden contabilizarse un total de 35 o 40 barrancos, aunque tan sólo una docena alcanza una longitud superior a los 3 kilómetros. El origen de estas formaciones debe buscarse en la confluencia de tres procesos: la acción excavadora de las aguas corrientes, los movimientos tectónicos y las variaciones del nivel del mar Mediterráneo.


Además, son importantes centros de anidación de aves acuáticas y de rapiña, y algunas de estas formaciones tienen pequeños cursos de agua permanentes o temporales.

Las cuevas

Menorca cuenta con medio centenar de grutas terrestres y una decena de cuevas submarinas, que se ubican en las zonas norte y sur de la isla.


Su formación se debe a la filtración del agua de lluvia en terrenos cálcareos y son lugares especialmente interesantes porque en muchos casos, sobre todo en el de las cuevas con agua marina sin conexión abierta al mar, han subsistido en ellas especies animales que no se encuentran en ningún otro medio.

Las zonas húmedas
Las charcas, marismas y lagunas se reparten por toda la isla y presentan una fauna y flora distintas. Entre las zonas húmedas del litoral, destaca el parque natural de la albufera de Es Grau (que dispone de itinerarios para pasear dado su gran interés), Addaia, Son Saura y Son Bou. A estas zonas húmedas, se asocian ocho sistemas dunares: en la coste norte, la albufera de Es Grau, Son Saura, Tirant, Cavalleria, Pregonda, cala Pilar y La Vall; y en la costa sur, Son Bou.
En algunos de ellos, los cordones de arena que se forman junto a la costa pueden penetrar hasta dos kilómetros hacia el interior de la isla.


Uno de los mayores atractivos que ofrece el litoral menorquín es un alto grado de conservación, al que se suma el interés de una vegetación en la que proliferan las especies endémicas, que se encuentran en mayor medida en la zona norte. Destacan distintas clases de arbustos espinosos, que se conocen con el nombre de socarrells, y también es corriente la maquia mediterránea. Con respecto a la fauna que puebla las costas, son abundantes las aves marinas, como la pardela cenicienta, el cormorán y la gaviota, así como varias rapaces.

Los islotes


Son varios los islotes que se distribuyen frente a las costas de Menorca. Todos ellos presentan un alto nivel de preservación, debido principalmente a la ausencia de asentamientos humanos. El hecho de que el ambiente de
estos islotes haya sido poco modificado, hace que hayan actuado como refugio de algunas especies muy notables como la lagartija (Podarcis lilfordii), que antes vivía en la isla
principal y que hoy solamente puede encontrarse en los islotes costeros. Otros moradores de estos islotes son las importantes poblaciones de conejos y cabras introducidas
por el hombre.


Por otra parte estos islotes actúan como zonas favorables para el asentamiento de importantes colonias de aves marinas. En este sentido es especialmente notable la presencia de colonias de pardelas en la isla del Aire y de gaviotas de Audouin en la isla dels Porros.


La isla mayor de todas las que hay en la costa de Menorca, casi 60 hectáreas, es la isla den Colom, que está situada delante de la playa des Grau dentro de los límites del Parque
Natural. Otro islote importante es la isla del Aire, con 34 hectáreas, en la cual se ha instalado un faro.

Los sistemas dunares
En Menorca encontramos un total de ocho sistemas dunares bien desarrollados -incluido el de la Albufera des Grau- de los cuales siete están en la costa norte (Es Grau, Son Saura, Tirant, Cavalleria, Pregonda, Cala Pilar y La Vall) y tan sólo uno en la costa sur (Son Bou). Además existen algunos otros de menores dimensiones (Arenal d'en Castell, Binimel·là,
Mongofre, etc.). Estos sistemas dunares son excepcionales en Baleares y en gran parte del Mediterráneo occidental, por el hecho de ser cordones longitudinales, paralelos a la dirección del viento dominante e indipendientes a la orientación de la línea de costa, a excepción del de Son Bou.


En cuanto a las especies vegetales presentes en estos sistemas dunares destacan: las azucenas de mar (Pancratium maritimum), el eringio marítimo (Eryngium maritimum) y la lechetrezna (Euphorbia paralias), todas ellas con una gran capacidad de retención que genera los primeros relieves dunares estables. La zona más interna del sistema dunar está ocupada por vegetación leñosa, los primeros arbustos que se instalan son las sabinas (Juniperus phoenices), el lentisco (Pistacia lentiscus) y la labiernaga
(Phillyrea latifolia).


Playas
Las calas y playas presentes a lo largo de la costa baja de la isla de Menorca presentan unas aguas limpias y cristalinas que contrastan con los colores blancos de sus arenas.
Estos colores del agua son gracias a las praderas de Posidonia oceanica, conocida como alga. La existencia de esta planta tanto en la zona sumergida como en la playa, formando acumulaciones de hojas en la orilla, es considerada como el mejor indicador del buen estado de conservación de las playas, el signo más clarificador y inequívoco del buen estado de las aguas y calidad del litoral.
Por otra parte la acumulación de hojas sobre la playa da estabilidad a la misma y suministra a ésta sedimentos que provienen de las zonas sumergidas.
Los colores blancos de estas playas son fruto de la llegada a ésta de miles de restos calcáreos de fauna que habita sobre las praderas de Posidonia oceanica . La fragmentación de estos organismos calcáreos da una calidad excelente a nuestras playas ofreciendo un tacto y suavidad que agradece el usuario. Por tanto la conservación de estas praderas de Posidonia oceanica son la base para el equilibrio de nuestro litoral.

Los acantilados costeros
El litoral rocoso de Menorca es especialmente importante tanto desde el punto de vista paisajístico como biológico, dado que alberga una vegetación muy rica en endemismos (especies exclusivas de la región). Cabe destacar las especies arbustivas con forma de almohadilla espinosa, o "socarrells". En la isla existen seis especies diferentes de socarrells que han adoptado esta forma en un proceso de evolución adaptativa a las condiciones ambientales adversas.
En el interior de los socarrells se esconden plantas pequeñas y frágiles que de esta forma se defienden del viento y de su salinidad, otras plantas se sitúan a sotavento de los socarrells aprovechándolos como abrigo.
El resto del litoral menorquín está cubierto por maquias mediterráneas densas y altas, esto ocurre, en la zona entre Sa Punta Rotja y Ets Alocs, en la costa noroccidental, donde se encuentran los acantilados más altos de litoral menorquín. Estas zonas además sirven de hábitat a importantes comunidades de aves rapaces y marinas.

Vegetación interior
El paisaje vegetal no agrícola de la isla ocupa una extensión de 19.000 hectáreas. En Menorca hay presentes tres grandes tipos de vegetación arbórea: los encinares, los pinares y los bosques de acebuche.
El encinar sólo abunda en la parte central de la isla y en algunos barrancos. Es un bosque denso y umbrío de tipo perennifolio, dominado por la encina Quercus ilex que le da nombre. Estos encinares se caracterizan por la presencia de especies arbustivas como el madroño (Arbutus unedo), el aladierno (Rhamnus alaternus) y la labiernaga (Phillyrea latifolia). Algunos encinares se caracterizan por la presencia, aunque poco abundante, de un ciclamen.
Las comunidades de acebuches, conocidas en la isla como ullastrars, aparecen en zonas de suelos poco profundos y demasiado secos para los encinares, esta es la vegetación que predomina en la mayor parte de la isla. Son bosques bajos, umbríos y densos, especialmente ricos en vegetación de sotobosque. Estas comunidades se pueden presentar en forma de bosques independientes o integradas en el paisaje formando apantallamientos junto a las paredes secas. La intercalación de estas comunidades con los campos de cultivo es responsable de la armonía del paisaje agrícola menorquín y de su atractivo estético. A su vez, tiene una importancia ecológica capital ya que pone en contacto las zonas cultivadas con las de vegetación natural.
Los pinares de pino carrasco ocupan grandes extensiones del centro y del noroeste de la isla. Cabe destacar la existencia de una especie de pino exclusivo de la isla Pinus ceciliae, del cual sólo queda un pequeño reducto en la costa sur des Migjorn Gran.